NECESITAMOS QUE NOS INSPIREN

Algo está cambiando en las estrategias empresariales de las multinacionales. El antiguo enfoque basado en la mera obtención de resultados y que valoraba a sus empleados como “mano de obra” al servicio de los objetivos empresariales ha quedado obsoleto, ya no funciona.

Las empresas se han dado cuenta de que sus empleados son su mayor valor y su mejor estrategia para alcanzar los deseados beneficios empresariales y liderar el mercado, y que hay que cuidarlos.

Pueden llevar a cabo las mejores campañas publicitarias, ser los números uno en su sector y tener millones de clientes satisfechos, pero si no cuidan a sus empleados, no lograrán un desarrollo sostenible que les permita seguir liderando el mercado en los próximos años.

Tener empleados desmotivados en una empresa es como tener un virus; al principio, se puede disimular; con unas buenas dosis de maquillaje y de Photoshop, se puede incluso aparecer lustroso ante los medios, pero, inevitablemente, el virus va avanzando y ocupando todos los órganos del cuerpo.

Según un estudio de Gallup realizado en 195 países, el 62% de los trabajadores en España no se sienten comprometidos con sus empresas, lo que significa que no están emocionalmente involucrados ni procuran crear valor para la organización.

Esto es realmente grave porque la falta de productividad de estos empleados se traduce en ingentes pérdidas económicas para las empresas. Según datos oficiales, en 2013, se registraron un promedio de 262.345 bajas por incapacidad temporal de media mensual. Y, tal y como apunta un estudio realizado por Steelcase, en el entorno de la UE, se destinan anualmente 12.000 millones de euros a gastos relacionados con el dolor de espalda.

¿Qué pueden hacer las empresas para solucionar esto? Dotar de un enfoque más humano a sus estrategias, motivar a sus empleados y hacerles sentir partícipes del éxito empresarial.

Dar planes de desarrollo de carrera, proporcionar formación útil y ofrecer remuneraciones justas e igualitarias a hombres y mujeres es un buen comienzo. Pero, a mi juicio, hay algo todavía más importante y que genera más compromiso y lealtad de un empleado hacia su empresa, y es darle una motivación que entronque más con su condición de ser humano. Algo que le inspire, valores que le hagan sentirse bien consigo mismo y con su condición de miembro solidario de una comunidad. Algo que le haga levantarse por la mañana pensando que está aportando su granito de arena para conseguir un mundo mejor.

Es esta faceta trascendental que todo ser humano lleva dentro (o al menos, debería) la que marca la diferencia entre un empleado mediocre y un empleado comprometido y leal hacia la empresa a la que pertenece y que le hace sentirse mejor persona.

Y no es tan difícil. Las empresas están rápidamente implementando la Responsabilidad Social Corporativa, tratando de transmitir a sus empleados y a sus accionistas valores que van más allá de números y cuentas de resultados. Pero no puede ser sólo un texto bonito, hay que actuar e invertir en programas que trasladen estos valores a los empleados, que fomenten la sostenibilidad, la protección del medio ambiente, la adquisición de hábitos saludables y la solidaridad con zonas geográficas más desfavorecidas a través de proyectos de
desarrollo. En definitiva, inspirar a las personas que están contribuyendo con su esfuerzo y tiempo a sacar adelante un proyecto que va a reportar beneficios y prestigio a la empresa. Motivarlos para que den lo mejor de sí mismos porque sienten que forman parte de una cultura empresarial que es positiva y solidaria con el planeta y con el ser humano.

El capital humano de una empresa -los empleados, líderes y directivosson los mejores embajadores de una idea de negocio y de una marca.

Ellos son los que están diariamente en contacto con los proveedores y con los clientes que consumen nuestro producto o servicio. Están representando a la empresa en diferentes ámbitos y están transmitiendo en cierta forma los valores que tiene su compañía.

Con el auge de las redes sociales y los dispositivos móviles, la capacidad de difundir una idea se multiplica hasta lí
mites insospechados, y se vuelve todavía más importante para las empresas la visión que tienen sus trabajadores sobre ellas. Si observamos nuestro comportamiento en una red social como Facebook, por ejemplo, veremos que la mayor parte de los usuarios no profesionales son proactivos a compartir valores positivos, frases inspiradoras, fotos optimistas o vídeos cargados de emoción.
A todos nos gusta relacionarnos con valores solidarios. Y, ¿por qué no? Que nos relacionen los demás con ese tipo de valores también aporta prestigio a nuestra imagen.

Muchas empresas no son capaces de transmitir a sus empleados sus valores corporativos, lo hacen en forma de newsletters y largos emails que nadie tiene tiempo (ni ganas) de leer. Lo corporativo en general nos resulta aburrido y tedioso. ¿No será que encontramos esos mensajes alejados de la realidad que vivimos día a día en nuestro puesto de trabajo?

Es la falta de coherencia la que nos hace acumular esos mensajes en nuestro mailbox sin leer, o enviarlos directamente a la papelera de reciclaje. No existe relación entre lo que nos venden y lo que “respiramos” a nuestro alrededor.
¿Cómo se puede cambiar eso?

1. En primer lugar, es necesario buscar la coherencia, extender la cultura de la empresa de arriba a abajo, comenzar formando a los directivos en los nuevos valores para que éstos se los transmitan a los jefes de equipo y éstos, a su vez, a sus empleados.

Esto tiene que ir acompañado de acciones que nos hagan ver que lo que nos cuentan es real. Nadie se va creer, por ejemplo, un valor de solidaridad cuando los propios directivos están gastan
do cantidades ingentes en restaurantes y lujos innecesarios. En este caso, la visión de la empresa se empobrece y la motivación decae. No existe lealtad, y el empleado se irá si encuentra una oportunidad mejor.

Personalmente, quizás debido a mi condición de española residente en el extranjero, encuentro una similitud entre lo mencionado arriba y lo que ha sucedido en España durante los últimos años. Son 2.183.043 los inscritos, a fecha de enero de 2015, en el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE). De todos ellos, un tercio son nacidos en España, no inmigrantes que han vuelto a su país de origen.

La inmensa mayoría ha salido por razones económicas, indudablemente, a causa de los altísimos índices de desempleo que llevamos sufriendo los últimos años. Pero existe un porcentaje que, teniendo un puesto de trabajo asegurado, ha preferido instalarse en otro país buscando un entorno más favorable para desarrollar su profesión y educar a sus hijos. Son científicos, artistas y ejecutivos de multinacionales con los que me encuentro todos los días y que ocupan puestos de altísima responsabilidad en grandes empresas.

Si consideramos España como una gran empresa, podemos deducir que sus “directivos” no han sabido transmitir sus valores ni dar ejemplo a sus “empleados”. No han sido capaz de retener el talento dentro de sus fronteras ni “inspirar” a sus trabajadores.

La falta de valores que han transmitido los que tenían que dar ejemplo (casos de corrupción, enchufismos, etc.) ha sido el detonante para que grandes profesionales busquen aportar valor en otros lugares.

2. Después de la coherencia en la trasmisión de los valores, necesitamos implementar los programas adecuados. Si
decimos que nuestros empleados son lo más importante para nuestra empresa, tendremos que demostrárselo.

Tendremos que buscar programas que transmitan esos valores y que, además, enganchen a nuestra gente, que les resulte divertido participar en ellos y que le encuentren un sentido.

La tecnología nos pone hoy en día múltiples opciones que pueden convertir una aburrida aplicación en algo realmente divertido. Usando técnicas de juego como la Gamificación, los empleados pueden acceder desde su teléfono móvil a un juego que les permita conocer lo que hace su empresa por mejorar la sociedad que vivimos, y, además, animarles a adoptar hábitos más saludables y sostenibles.

Visualizar vídeos entretenidos, responder preguntas interesantes y ser premiado por ello, pueden ser herramientas útiles para inspirar a los profesionales que están diariamente realizando tareas similares para una empresa. Les hacemos “romper” con su dinámica habitual e involucrarse en una competición amistosa con sus compañeros.

Competir por ahorrar más energía o por andar más pasos, por contaminar menos a la sociedad o por ayudar a alguna causa benéfica son motivos suficientemente inspiradores para tener a tus profesionales motivados y comprometidos con tus valores.

Lo importante para las empresas es ser honestas con lo que predican y hacerlo extensible en todos los ámbitos de la organización. Inspirar a sus empleados con metas que les hagan construir un mundo mejor para sus hijos es invertir en un proyecto sostenible para la compañía que le asegurará el liderazgo y, lo que es más importante, la lealtad de sus empleados. Porque, al final, a todos nos gusta que nos inspiren para ser mejores personas.

Autor

Encarna Abellán.

Digital Communications+Social

Media. PMP
que nos inspiren

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